"En Aire e Candeeiros, el olivar tradicional es un activo estratégico de sostenibilidad e identidad del aceite portugués"

Luis Duarte Melo, APOAC; y Óscar Pires, ADSAICA

La región de Aire y Candeeiros posee una fuerte identidad agrícola y paisajística. ¿Qué características distinguen a sus olivares y aceites de oliva en el panorama portugués?

La región de Aire y Candeeiros posee una identidad agrícola y paisajística muy marcada, profundamente ligada a su territorio kárstico. Aquí, el olivar tradicional se consolida como un elemento estructurador de la ocupación humana, reflejando una relación entre naturaleza, cultura y prácticas agrícolas que se ha transmitido de generación en generación.

Situados en el Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros, los olivares se distribuyen por los siete municipios que integran este territorio —Alcanena, Alcobaça, Porto de Mós, Ourém, Rio Maior, Santarém y Torres Novas— y expresan la diversidad de sus tres grandes unidades paisajísticas: Sierra, Bairro y Campo.

En la Sierra, donde el agua es abundante en profundidad pero escasa en superficie, los suelos pedregosos obligan al olivo a crecer lentamente, haciéndolo más resistente. El paisaje está marcado por los muros de piedra seca que protegen las pequeñas parcelas de olivar y por el pastoreo extensivo, poniendo de manifiesto la multifuncionalidad productiva de estas tierras.

En el Bairro, las plataformas calcáreas y los relieves suaves conforman un mosaico agrícola muy diversificado. En el Campo, las zonas más fértiles permiten la transición entre el olivar tradicional y sistemas de producción más intensivos. Esta combinación de factores ecológicos y culturales confiere al territorio una singularidad poco común en el panorama portugués.

Las variedades autóctonas Galega y Lentrisca constituyen los pilares de esta identidad. La Galega, ampliamente adaptada al terreno kárstico, da lugar a aceites equilibrados, con notas verdes y un amargor y picor bien definidos. La Lentrisca, exclusiva de la región, ofrece perfiles aromáticos intensos y diferenciados.

En los últimos años, los asociados de la APOAC han apostado por cosechas tempranas, produciendo aceites de oliva más verdes y frescos, con elevados contenidos en polifenoles —compuestos reconocidos por sus beneficios para la salud—, demostrando así una gran capacidad de innovación en un sector profundamente arraigado en la historia local.

Todo ello se traduce en aceites de oliva con una marcada personalidad, caracterizados por aromas de hierba fresca, hoja de olivo, frutos secos y plantas silvestres propias del paisaje kárstico. La lenta maduración del fruto, el estrés hídrico natural y el manejo extensivo de los olivares —mayoritariamente de secano— refuerzan la expresión del terroir. Esta identidad está hoy reconocida por la Marca Colectiva "Olivedos do Carso", que pone en valor los aceites de oliva virgen extra de nuestros asociados y reafirma el vínculo entre la producción agrícola, el patrimonio natural y la cultura local.

La conservación de este mosaico tradicional de olivares adquiere una relevancia creciente dentro de las estrategias de cogestión del Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros y del Monumento Natural de las Huellas de Dinosaurios de la Sierra de Aire. El olivar tradicional, integrado en sistemas agrícolas extensivos, contribuye a la conservación de la biodiversidad, la protección del suelo y el mantenimiento del paisaje identitario del territorio, en línea con los objetivos definidos en el Plan de Cogestión para la valorización sostenible de los recursos naturales y culturales.

La ADSAICA ha venido desarrollando proyectos que promueven la valorización integrada del patrimonio agrícola, ambiental y cultural de la región, reforzando la conexión entre la producción local, la conservación de la naturaleza y el desarrollo territorial. En este contexto, los "Olivedos do Carso" representan no solo un producto agroalimentario de gran calidad, sino también una expresión concreta de prácticas agrícolas compatibles con la protección de los ecosistemas kársticos y con el mantenimiento de la población en el medio rural.

Cabe destacar igualmente la contribución de estos olivares a la prevención del abandono agrícola y a la reducción del riesgo de incendios forestales, mediante el mantenimiento activo del paisaje y la gestión sostenible de la vegetación. La continuidad de estas prácticas tradicionales, unida a la innovación y a la profesionalización de los productores, resulta esencial para la resiliencia del territorio y para consolidar un modelo de desarrollo sostenible reconocido por las instituciones locales y regionales.

La valorización del aceite de oliva producido en este territorio responde también a la creciente demanda de productos auténticos, trazables y vinculados a su origen, consolidando los olivares de Aire y Candeeiros como parte inseparable de la identidad cultural y paisajística de la región. Este enfoque refuerza los objetivos de sensibilización, educación territorial y promoción del patrimonio establecidos en los instrumentos estratégicos del Parque Natural y en los proyectos impulsados por la ADSAICA.

Portugal está viviendo una importante evolución en el sector oleícola, conciliando la producción tradicional con nuevos modelos intensivos. ¿Cómo conviven estas dos realidades y qué papel deberá desempeñar el olivar tradicional en el futuro?

Portugal vive hoy realidades muy diferentes dentro del sector oleícola: olivar tradicional, intensivo y superintensivo, cada uno con sus propias lógicas de competitividad y sostenibilidad.

El modelo superintensivo de regadío basa su competitividad principalmente en el factor precio, beneficiándose de la disponibilidad de agua, la mecanización, la eficiencia productiva y las economías de escala. Estos elementos permiten colocar aceite de oliva virgen extra (AOVE) a granel en el mercado internacional a costes muy competitivos. Se trata de un modelo relevante para la balanza comercial y para la industria, pero no puede convertirse en el único criterio para analizar el sector.

El olivar tradicional de secano, que continúa siendo mayoritario en superficie, no puede competir en precio y necesita un posicionamiento diferenciado. Su viabilidad depende de estrategias de diferenciación orientadas a ofrecer aceites de oliva virgen extra envasados y con marca propia, dirigidos a consumidores que valoran el origen, la autenticidad, la calidad sensorial, las prácticas sostenibles y la vinculación con el territorio.

En este caso, la competitividad se construye sobre otros pilares: las variedades autóctonas, las certificaciones de origen, las cosechas tempranas, las propiedades nutricionales, el marketing y los canales de distribución, el oleoturismo, la integración con la gastronomía y el patrimonio, así como modelos multifuncionales que combinan la producción agrícola con la prestación de servicios ecosistémicos.

Es precisamente en este punto donde el olivar tradicional adquiere un carácter estratégico para Portugal. Además de producir aceite de oliva, genera carne y miel, favorece la biodiversidad, contribuye a la salud y el bienestar, impulsa el turismo, mejora la resiliencia hídrica y climática, captura carbono, mantiene el paisaje mediterráneo, fija población y dinamiza las economías rurales.

Se trata de activos que rara vez se reflejan en la cuenta de resultados de una explotación olivarera, pero que poseen un creciente valor económico, ambiental, social y cultural, y que deberían ser reconocidos y remunerados mediante políticas públicas.

La competitividad del sector oleícola portugués no se decidirá únicamente por el coste de producción. Dependerá de la capacidad para combinar un modelo intensivo —competitivo en precio, pero que necesita orientarse más hacia la creación de valor— con un olivar tradicional competitivo gracias a la diferenciación, reforzando este último como un activo único del país.

El verdadero potencial de futuro reside en convertir el olivar tradicional en un motor de calidad, sostenibilidad y valorización territorial, en lugar de dejar que pierda relevancia por compararlo directamente con modelos que responden a lógicas completamente distintas.

En el territorio de las Sierras de Aire y Candeeiros, esta reflexión adquiere una especial importancia, ya que el olivar tradicional forma parte inseparable de la identidad ecológica y cultural del paisaje. El Plan de Cogestión del Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros y del Monumento Natural de las Huellas de Dinosaurios reconoce la necesidad de promover actividades económicas compatibles con la conservación de los valores naturales, fomentando modelos agrícolas capaces de garantizar simultáneamente rentabilidad, biodiversidad y cohesión territorial.

En este contexto, el olivar tradicional de secano constituye un excelente ejemplo de equilibrio entre producción y conservación.

El mantenimiento de estos sistemas agrícolas tradicionales permite preservar elementos característicos del paisaje mediterráneo, como los muros de piedra seca, los mosaicos agrícolas y los hábitats asociados, contribuyendo a la conectividad ecológica, la protección del suelo y la valorización del patrimonio rural.

Se trata de un patrimonio vivo cuya continuidad depende tanto de su capacidad para generar valor económico a los productores como del reconocimiento social e institucional de las funciones ambientales y territoriales que desempeña.

En muchas zonas rurales europeas, el relevo generacional constituye una preocupación creciente. ¿Cómo trabaja la APOAC para atraer a los jóvenes productores y preservar la cultura del olivar en la región?

El relevo generacional constituye actualmente uno de los mayores desafíos para las zonas rurales europeas, y nuestra región —Aire y Candeeiros— no es una excepción.

La APOAC aborda esta cuestión de forma muy práctica, creando las condiciones necesarias para que los jóvenes vean en el olivar y en el aceite de oliva no solo una herencia, sino también una verdadera oportunidad de futuro.

Lo hacemos mediante programas de formación técnica, jornadas de campo, intercambio de buenas prácticas y apoyo directo a los nuevos productores, ayudándoles a comprender modelos de negocio viables, estrategias de diferenciación y formas de aportar mayor valor a sus aceites y a otros productos asociados.

Asimismo, promovemos el vínculo de los jóvenes con el territorio, poniendo en valor uno de sus elementos más representativos: el olivar. A ello se suma la organización de eventos de promoción, actividades de divulgación, catas de aceite de oliva e iniciativas culturales que acercan a la comunidad al mundo del olivar, refuerzan la identidad local y generan experiencias capaces de despertar el interés de las nuevas generaciones.

Y comenzamos aún antes. La APOAC está desarrollando acciones educativas en los centros escolares para acercar a niños y jóvenes a la cultura del olivar, a la historia agrícola de la región y a la importancia ambiental y social de esta actividad. Queremos que las futuras generaciones crezcan reconociendo el valor del olivar y del aceite de oliva, así como la posibilidad de construir en torno a ellos un proyecto de vida.

Al mismo tiempo, actuamos como una plataforma de movilización comunitaria, implicando a escuelas, ayuntamientos, universidades y productores en la conservación de la cultura del olivar y en la transmisión del conocimiento entre generaciones.

Estamos convencidos de que la sostenibilidad del sector depende de crear las condiciones necesarias para que los jóvenes puedan innovar sin perder la identidad del territorio.

Ese es precisamente nuestro objetivo: contribuir a legar a las generaciones futuras un ecosistema olivarero más vivo, dinámico, sostenible y competitivo que el que nosotros recibimos.

 ¿Qué desafíos específicos afrontan actualmente los productores portugueses en materia de sostenibilidad, gestión del agua y adaptación al cambio climático?

Los productores portugueses afrontan hoy desafíos especialmente exigentes en materia de sostenibilidad, gestión del agua y adaptación al cambio climático.

La creciente irregularidad de las precipitaciones, la mayor frecuencia de años secos y la presión sobre los recursos hídricos afectan de forma significativa a los sistemas agrícolas, especialmente a los de secano, provocando descensos en la productividad, una mayor inestabilidad de las cosechas y la necesidad de adaptar las prácticas de cultivo.

A estos factores se suman diversas debilidades estructurales: suelos vulnerables a la erosión, olivares envejecidos, elevados costes de mantenimiento y una limitada capacidad de inversión por parte de las pequeñas explotaciones familiares.

Paralelamente, los productores deben hacer frente a unas exigencias medioambientales cada vez más estrictas, muchas veces sin disponer del apoyo técnico y financiero adecuado. El contraste entre los sistemas intensivos de regadío —dependientes de la disponibilidad de agua— y el olivar tradicional —que depende exclusivamente de la lluvia— pone de manifiesto la necesidad de diseñar políticas públicas diferenciadas y adaptadas a las distintas realidades territoriales. El secano, como modelo de elevada eficiencia hídrica, necesita apoyo para seguir desempeñando su función ambiental y territorial.

La adaptación al cambio climático requiere hoy una combinación de medidas: una mejor gestión del suelo, el incremento de la materia orgánica, el uso de cubiertas vegetales, el pastoreo, las prácticas de agricultura regenerativa, variedades más resistentes, cosechas tempranas, el seguimiento de nuevas plagas y el acceso a tecnologías adaptadas a la pequeña agricultura.

Pero también exige un elemento menos visible y, al mismo tiempo, decisivo: la capacidad para transferir conocimiento y ofrecer un acompañamiento técnico continuo. La creciente complejidad de las decisiones —desde la gestión de la cubierta vegetal hasta la vigilancia fitosanitaria— hace imprescindible el acceso a asesoramiento especializado, formación y redes de intercambio de buenas prácticas.

A ello se añade la dificultad de compatibilizar las exigencias administrativas, los criterios medioambientales y la viabilidad económica. La complejidad normativa de las políticas agrarias y ambientales representa un reto adicional, especialmente en territorios de baja densidad de población, donde los recursos humanos y financieros son más limitados.

Por ello, resulta fundamental desarrollar modelos de apoyo mejor adaptados a la realidad del olivar tradicional y de la pequeña agricultura.

En el territorio del Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros, estos desafíos se combinan con la necesidad de garantizar una gestión equilibrada del paisaje y de los valores naturales. El Plan de Cogestión reconoce la importancia de reforzar la relación entre la conservación de la naturaleza y la actividad agrícola, promoviendo enfoques integrados que reconozcan a los productores como actores fundamentales en la gestión del territorio y en la preservación de la identidad paisajística.

El mantenimiento de los sistemas tradicionales de olivar contribuye a conservar elementos emblemáticos del paisaje mediterráneo —como los muros de piedra seca, los mosaicos agrícolas y los hábitats asociados— reforzando la conectividad ecológica, la protección del suelo y la valorización del patrimonio rural.

En definitiva, los desafíos son complejos, pero el olivar tradicional reúne condiciones únicas para formar parte de la solución: variedades adaptadas al territorio, una elevada eficiencia en el uso del agua y la capacidad de producir aceites de oliva de extraordinaria calidad. Lo que falta es crear un marco que convierta estas ventajas naturales en sostenibilidad económica y verdadera competitividad.

¿Qué oportunidades existen actualmente para reforzar la cooperación entre las regiones productoras mediterráneas en ámbitos como la promoción, la innovación o la defensa del olivar tradicional?

Las regiones productoras del Mediterráneo afrontan desafíos comunes: el cambio climático, la presión sobre los recursos hídricos, el abandono del medio rural, la competitividad, el acceso a los mercados y la generación de valor a lo largo de la cadena alimentaria. Esta realidad compartida crea importantes oportunidades para reforzar la cooperación entre territorios unidos por una misma historia agrícola y por desafíos similares.

En materia de promoción, existe un gran potencial para desarrollar campañas conjuntas que pongan en valor la identidad mediterránea, las variedades autóctonas, los paisajes culturales y el oleoturismo. Trabajar en red permite generar una mayor masa crítica, incrementar la visibilidad internacional y facilitar el acceso a los mercados, especialmente para las regiones de menor dimensión.

En el ámbito de la innovación, la cooperación acelera el intercambio de conocimiento técnico y científico sobre agricultura regenerativa, gestión eficiente del agua, adaptación al cambio climático, valorización de subproductos, digitalización accesible e inteligencia artificial, permitiendo que los territorios más pequeños accedan a soluciones que difícilmente podrían desarrollar de forma aislada. Además, la innovación constituye una herramienta fundamental para aumentar el valor añadido y reducir la dependencia del mercado del aceite a granel.

En cuanto a la defensa del olivar tradicional, la cooperación mediterránea resulta esencial para construir posiciones comunes ante la Unión Europea en cuestiones como el desarrollo de políticas específicas para el olivar de secano, la remuneración de los servicios ecosistémicos, el apoyo adecuado a las pequeñas explotaciones, la protección de las variedades locales y el reconocimiento del papel ambiental, cultural y territorial del olivar tradicional.

Actualmente, esta cooperación cuenta con un marco europeo muy favorable gracias a programas como Horizonte Europa, LIFE, Interreg MED, Erasmus+ o PRIMA, que financian acciones conjuntas de promoción, formación, investigación aplicada y proyectos piloto desarrollados en distintos territorios.

Esta dimensión experimental resulta especialmente relevante para el olivar tradicional, donde la adaptación al cambio climático y la gestión sostenible requieren soluciones adaptadas a las particularidades de cada territorio.

La creación de redes internacionales de demostración e intercambio de conocimiento puede acelerar la transferencia de innovación a los productores, reducir los costes de experimentación y validar soluciones que difícilmente podrían desarrollarse desde pequeñas organizaciones o explotaciones individuales.

Ámbitos como la monitorización hídrica, la conservación del suelo, la agricultura regenerativa, la valorización de subproductos, la biodiversidad funcional o las herramientas digitales de apoyo a la toma de decisiones muestran claramente el enorme potencial de esta cooperación.

Más allá del componente técnico, estos proyectos fortalecen la capacidad institucional de las regiones productoras, favoreciendo una mayor coordinación entre el territorio, la investigación, las políticas públicas y el mercado.

En territorios protegidos, como el Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros, esta cooperación internacional también puede reforzar las estrategias de valorización del paisaje, del patrimonio agrícola y de los servicios ecosistémicos asociados al olivar tradicional.

La ADSAICA ha orientado parte de su actividad precisamente hacia esta lógica de cooperación y valorización territorial, convencida de que muchos de los retos del olivar tradicional superan la escala local y requieren respuestas construidas desde una perspectiva mediterránea y europea.

En un momento en el que el sector busca acercarse cada vez más al consumidor final, ¿qué papel pueden desempeñar iniciativas internacionales como el Olive Oil World Congress en la difusión de la cultura del aceite de oliva?

Iniciativas internacionales como el Olive Oil World Congress desempeñan un papel decisivo para acercar el sector oleícola al consumidor final.

En un contexto en el que los mercados valoran cada vez más el origen, la autenticidad y la sostenibilidad, estos encuentros constituyen plataformas privilegiadas para difundir la cultura del aceite de oliva, mejorar el conocimiento del producto y mostrar la extraordinaria diversidad de los aceites mediterráneos.

Reúnen a productores, asociaciones, responsables públicos, investigadores, distribuidores y especialistas en marketing, creando un espacio de intercambio sobre tendencias, innovación, buenas prácticas y oportunidades de colaboración.

Para las regiones de menor dimensión, esta capacidad de generar conexiones resulta especialmente importante, ya que les permite ganar visibilidad, acceder a redes internacionales de conocimiento y establecer alianzas en ámbitos como la innovación, la promoción territorial, el oleoturismo y la adaptación al cambio climático.

El actual marco europeo, a través de programas como Horizonte Europa, LIFE, Interreg MED, PRIMA o Erasmus+, incrementa aún más el potencial de estos congresos al facilitar proyectos conjuntos de investigación aplicada, formación y demostración en condiciones reales. Esta cooperación acelera la transferencia de conocimiento técnico, reduce los costes de experimentación y permite comparar soluciones desarrolladas en distintos territorios mediterráneos, algo especialmente valioso para el olivar tradicional.

En las regiones integradas en espacios naturales protegidos, como el territorio del Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros, estos congresos también contribuyen a poner en valor el patrimonio agrícola y paisajístico asociado al olivar tradicional, fortaleciendo el vínculo entre la conservación de la naturaleza, la actividad económica y la sensibilización de la sociedad sobre los valores del territorio.

Esperamos, asimismo, que contribuyan a reforzar el reconocimiento de la Marca Colectiva "Olivedos do Carso", promovida por la APOAC, consolidando la identidad territorial y la singularidad de los aceites de oliva virgen extra producidos por nuestros asociados en el Parque Natural de las Sierras de Aire y Candeeiros.

En definitiva, estos congresos constituyen herramientas estratégicas para comunicar el valor del aceite de oliva, acercar al consumidor a los territorios olivareros y consolidar el aceite de oliva mediterráneo como un activo cultural, gastronómico y sostenible con una enorme proyección de futuro.