Si la comida es medicina, el aceite de oliva virgen extra es la primera receta

El movimiento Food is Medicine (FIM) es un esfuerzo nacional en auge que busca integrar la nutrición de forma más directa en la sanidad, reconociendo la alimentación como una herramienta clave para prevenir, gestionar e incluso tratar enfermedades crónicas. Aunque existen algunos solapamientos conceptuales, a diferencia del movimiento Make America Healthy Again (MAHA), el FIM está impulsado principalmente por políticas públicas, orientado al sistema sanitario y es relativamente no partidista.

Incluye iniciativas como las comidas adaptadas médicamente, los programas de prescripción de frutas y verduras y el asesoramiento nutricional cubierto por los sistemas sanitarios, todas ellas dirigidas a tender puentes entre la consulta y la cocina. En esencia, el FIM subraya que el acceso a alimentos nutritivos e integrales y a la educación nutricional debería considerarse un componente esencial de la atención sanitaria, y no un añadido opcional.

Cuando se trata de difundir iniciativas de salud y hábitos de vida saludables, las imágenes pueden ser muy poderosas y, si queremos captar la atención de la gente de forma positiva, ya toca una renovación. Mis colegas de la comunidad nutricional y yo solemos reírnos de la frecuencia con la que aparecen una manzana y una cinta métrica en los gráficos sobre nutrición. Para empezar, está completamente sobado; pero además pierde de vista que una dieta saludable es mucho más que el peso y el perímetro de cintura. ¿Qué podríamos elegir entonces para actualizarlo?

Volviendo al FIM: si tuviéramos que escoger un único alimento para un cartel de Food is Medicine —uno con capacidad de actuar como catalizador para incorporar intervenciones nutricionales basadas en alimentos a la sanidad y de ser el primer paso hacia patrones alimentarios más saludables—, difícilmente encontraríamos uno más idóneo que el aceite de oliva.

Estas son cinco razones:

1. Para que el símbolo del Food is Medicine resulte lo más eficaz posible, debería proceder de uno de los grupos de alimentos saludables señalados por el Food is Medicine Institute de Tufts: frutas, frutos secos, pescado, verduras, aceites vegetales, cereales integrales, legumbres y yogur. Dado que las grasas son un elemento constructivo fundamental de todos los patrones alimentarios —incluida la preparación de platos elaborados con el resto de grupos saludables—, una buena elección sería un aceite vegetal ampliamente disponible, denso en nutrientes y mínimamente procesado. El aceite de oliva cumple ese requisito.

2. Hace unos años, cuando The New York Times informó sobre una encuesta de Morning Consult que preguntaba a nutricionistas qué alimentos consideraban saludables, el aceite de oliva figuraba entre los diez primeros, y por buenos motivos. Desde el punto de vista de la salud, ningún otro aceite vegetal ha sido tan exhaustivamente investigado y estudiado, con evidencia sólida que respalda su papel en la prevención y el tratamiento de un amplio abanico de enfermedades crónicas, en muchos casos por sus propiedades antiinflamatorias. Se ha demostrado incluso que su consumo resulta eficaz en el tratamiento de la obesidad, uno de los problemas de salud más acuciantes del país. Un estudio observacional halló que, entre todas las grasas —incluidas la mantequilla y otros aceites vegetales—, solo el consumo de aceite de oliva se asociaba inversamente al aumento de peso.

3. Los consumidores ya tienen una alta conciencia de que el aceite de oliva es saludable. En esa misma encuesta de Morning Consult también se pidió a los consumidores que nombraran alimentos saludables, y situaron el aceite de oliva entre los diez alimentos de origen vegetal más sanos que se pueden comer, por delante incluso de la col rizada.

4. Entre los aceites vegetales saludables de amplia disponibilidad —los ricos en grasa monoinsaturada y bajos en saturada—, el aceite de oliva virgen extra es, sin discusión, el menos procesado. Se extrae mecánicamente, sin productos químicos ni calor elevado, y no se refina; como resultado, es rico en compuestos bioactivos saludables como antioxidantes, fenoles y escualeno, que muchos investigadores consideran responsables de los mecanismos de su impacto en la salud. Aunque el aceite de aguacate se extrae del mismo modo y es también una buena fuente de ácidos grasos monoinsaturados saludables, la gran mayoría del que hay en el mercado está refinado, y el calor elevado del procesado destruye los bioactivos naturales. Eso convierte al aceite de oliva virgen extra en una opción sobresaliente.

5. Desde el punto de vista culinario, el aceite de oliva virgen extra es delicioso en sí mismo, pero, sobre todo, hace que otros alimentos saludables —verduras, legumbres, frutas, pescado y cereales integrales— sepan mejor. Cuando algunos profesionales sanitarios cuestionaron la lógica de promover la dieta mediterránea, densa en verduras, en lugares como Estados Unidos, donde a la población en general no le gusta comerlas, la doctora Antonia Trichopoulou, directora del Centro de Investigación y Educación en Salud Pública de la Academia de Atenas y a quien muchos consideran la madrina de la dieta mediterránea, respondió que a los griegos no les gustan las verduras más que a los estadounidenses, salvo que estén cocinadas con aceite de oliva. Y sí, lo de "cocinadas" con aceite de oliva es clave. Es bien sabido que el virgen extra resulta perfecto en crudo, como condimento o para aliñar ensaladas, pero mucha gente sigue creyendo que no es seguro cocinar con él. En realidad, el aceite de oliva es un aceite muy seguro para cocinar —si no el más seguro—, lo que lo hace saludable y versátil a la vez.

No es de extrañar que las manzanas encabezaran las listas de Morning Consult tanto entre nutricionistas como entre consumidores. Todos conocemos el viejo dicho de que una manzana al día mantiene alejado al médico pero, por las razones expuestas, estoy convencido de que el aceite de oliva virgen extra sería aún más eficaz para transmitir los principios básicos del FIM e inspirar cambios saludables.