Fernando Cidraque. Director del Área Agroalimentaria de Feria de Zaragoza
¿Qué motivó a Feria de Zaragoza a apostar por este congreso como patrocinador y qué valor estratégico tiene para ustedes?
Para Feria de Zaragoza, apoyar iniciativas como el Olive Oil World Congress encaja plenamente con nuestra visión estratégica y con el momento que vive el sector. Venimos de impulsar una nueva etapa en ENOMAQ, marcada por un rebranding profundo que responde precisamente a esa necesidad de integrar, conectar y dar una visión más transversal a toda la industria de bebidas y alimentos líquidos.
El aceite de oliva, y todo lo que lo rodea, desde la olivicultura hasta la elaiotecnia, forma parte esencial del ecosistema de ENOMAQ. Apostar por este congreso como patrocinadores es una manera natural de reforzar nuestro compromiso con el sector, acompañar su evolución y contribuir a generar espacios donde se comparta conocimiento, innovación y oportunidades de negocio a nivel internacional.
¿Qué diferencia al Olive Oil World Congress de otros eventos del sector agroalimentario a nivel internacional?
Este congreso tiene un elemento diferencial muy claro: su vocación global desde un territorio, la península Ibérica, que es, precisamente, el corazón de la producción mundial de aceite de oliva. En esta se concentra una parte muy significativa de la producción y del conocimiento del sector, lo que convierte al congreso en un punto de encuentro especialmente relevante.
Además, no se limita a una visión expositiva, sino que apuesta por el debate, la transferencia de conocimiento y la conexión entre todos los eslabones de la cadena de valor. Ese enfoque, más estratégico e internacional, es lo que realmente lo posiciona como un evento de referencia.
Desde su perspectiva, ¿cuáles son los principales retos que enfrenta actualmente el sector del aceite de oliva y cómo puede un congreso como este contribuir a abordarlos?
El sector tiene varios retos clave. Por un lado, la necesidad de optimizar la producción agrícola, avanzando hacia modelos de cultivo más eficientes y rentables. En este contexto los sistemas intensivos y superintensivos han demostrado su viabilidad económica en determinadas condiciones, gracias a su alto grado de mecanización y productividad.
Por otro, está el desafío de seguir revalorizando el producto, posicionando el aceite de oliva como un alimento de alto valor añadido, ligado a la calidad, la salud y el origen.
Así que un congreso como este es fundamental porque permite compartir experiencias, innovación y buenas prácticas. Y ahí es donde también iniciativas como ENOMAQ juegan un papel esencial, acercando soluciones tecnológicas y generando un ecosistema donde todo el sector puede avanzar de forma conjunta.
¿Qué tendencias clave como la innovación, la sostenibilidad o la apertura a nuevos mercados marcarán el futuro del aceite de oliva en los próximos años?
La innovación y la sostenibilidad van claramente de la mano. El consumidor final es cada vez más exigente y valora aspectos como el impacto ambiental o los procesos de producción responsables.
Al mismo tiempo, estamos viendo una apertura muy interesante hacia nuevos mercados que históricamente no eran grandes consumidores, mientras que los mercados tradicionales continúan creciendo a buen ritmo.
Esto obliga al sector a adaptarse, a innovar en procesos, en producto y también en la forma de comunicar, para seguir siendo competitivo a nivel global.
Desde la experiencia de Feria de Zaragoza en la organización de grandes eventos agroindustriales como Enomaq, ¿cree que el sector del aceite de oliva está en un momento similar de evolución y proyección internacional?
Sin duda, el sector afronta un futuro muy prometedor. El consumidor valora cada vez más el aceite de oliva, no solo como producto gastronómico, sino también como un pilar fundamental de una alimentación saludable, un aspecto que gana peso y conciencia de forma creciente entre los consumidores.
Paralelamente, la industria está avanzando muchísimo en calidad, en eficiencia y en tecnología. Esa combinación entre mayor demanda y mejor capacidad productiva, sitúa al sector en un momento muy similar al que han vivido otros ámbitos como el vitivinícola, con una clara proyección internacional.
¿Qué impacto real espera que genere este congreso, tanto para los profesionales asistentes como para el posicionamiento global del aceite de oliva?
El impacto será doble. Por un lado, para los profesionales, el congreso es una oportunidad para actualizar conocimientos, generar contactos y detectar nuevas oportunidades de negocio.
Por otro, desde una perspectiva global, el hecho de que se celebre en la Península Ibérica refuerza el posicionamiento del aceite de oliva como un producto estratégico a nivel internacional y pone en valor el liderazgo de nuestros territorios en este ámbito.
Este tipo de encuentros contribuyen a consolidar una imagen de sector innovador, competitivo y preparado para afrontar los retos del futuro, en línea con la evolución que también estamos impulsando desde Feria de Zaragoza con el nuevo ENOMAQ.