Pedro Barato. Presidente de la Organización Interprofesional del Aceite de Oliva Español
Tras varias campañas marcadas por la sequía, la inflación y la tensión en los precios, ¿cómo valora la situación actual del sector oleícola español y qué perspectivas manejan para los próximos años?
Si vemos los antecedentes a los que se refiere, lo primero que me viene a la mente es calificar esta campaña como “normal”. Pero pensándolo con detenimiento, hay que tener en cuenta que, sobre una campaña oleícola, tanto a nivel de producción como de comercialización, confluyen tantos elementos que ya es difícil que podamos calificar como normal o tranquila ninguna campaña. El ejemplo más claro lo tenemos con la guerra arancelaria desatada por Estados Unidos, que en momentos puntuales ha podido condicionar decisiones de nuestras empresas. O incluso, la guerra en Oriente Medio, que ha vuelto a presionar el precio de los insumos con los consiguientes problemas para nuestros agricultores y empresas. La verdad es que cada nueva campaña es un reto. No obstante, vivimos un año que se está viendo marcado por fenómenos como la ligera bajada de la producción, hasta rondar los 1,3 millones de toneladas y por unas ventas que suben sobre las registradas el año pasado. Todo hace indicar que cerraremos la campaña con un consumo interno en el nivel del medio millón de toneladas y unas exportaciones que rondarán los 1,1 millones. Una cifra en la línea de las esas campañas que veníamos denominando “normales”, a las que nos referíamos antes. En cuanto a los precios, el aceite de oliva virgen extra se ha movido claramente por encima de los cuatro euros, más de 50 céntimos por encima de hace un año y 60 más que hace dos. De hecho, hasta finales de mayo, el precio medio de todas las categorías, sin contar el aceite de orujo, se ha revalorizado más de un 12% desde el inicio de campaña. Pero, cuando se acerca la cuenta atrás para la nueva cosecha, empiezan los nervios y las apuestas sobre cómo será el enlace, los precios, la demanda mundial, etc... Nosotros no tenemos dudas de que el futuro para nuestros Aceites de Oliva es halagüeño. Tenemos por todo el mundo clientes que quieren comer sano y con más sabor y nosotros tenemos el alimento que necesitan. Le doy sólo un dato. Hoy se consumen dos millones de toneladas de aceites de oliva más que hace tres décadas. Todo lo que se produce, se vende.
El consumo mundial de aceite de oliva continúa creciendo en mercados no tradicionales como Estados Unidos, Asia o Latinoamérica. ¿Qué oportunidades reales representan estos mercados para el aceite de oliva español?
Tenemos que empezar a actualizar las etiquetas de mercados tradicionales y emergentes. Estados Unidos está a punto de desbancar a España y a Italia como los motores del consumo mundial. Ese cambió oficializa una tendencia que se inició hace ya unas décadas: estamos pasando de un modelo de consumo que tenía su eje en el Mediterráneo a otro mucho más difuso en el que encontramos polos de consumo repartidos por todo el globo terráqueo, con Estados Unidos a la cabeza, China, Brasil, Corea del Sur, Reino Unido, Australia... Y lo cierto es que nuestro sector se ha adaptado a esa nueva realidad con notable rapidez. Los datos son muy claros. En 2009, cuando la Interprofesional del Aceite de Oliva Español daba sus primeros pasos en el campo de la promoción internacional, la Unión Europea era el destino del 82% de todos los aceites de oliva que vendíamos en el exterior. América era el único continente con algo de peso en nuestra cartera de clientes, con un 10%, mientras que Asia suponía un 5%. Ahora las cosas son muy distintas. Aunque las ventas han seguido creciendo en Europa, ahora mismo representa en torno al 60% de nuestras ventas en el mundo. El porcentaje de América se ha disparado hasta el 21%, Asia ha alcanzado un 13% y Oceanía llega ya al 3% de nuestras ventas totales. Lo previsible es que el peso de Europa siga bajando frente a los países terceros, con Estados Unidos a la cabeza. En América tenemos que destacar también a Brasil y Canadá. En Asia tenemos a China como principal motor de crecimiento del consumo, sin olvidar la pujanza de Corea del Sur y el valor seguro que supone Japón. Desde la Interprofesional lanzamos hace ya varias semanas en la nueva campaña de promoción de dos años de duración en China, y en breve, vamos a lanzar en Estados Unidos nuestra iniciativa promocional más ambiciosa de toda nuestra historia.
La sostenibilidad se ha convertido en una prioridad para consumidores e instituciones. ¿Qué avances está realizando el sector español en agricultura regenerativa, eficiencia hídrica y reducción de la huella ambiental?
Es cierto que la sostenibilidad está ganando un protagonismo creciente en las decisiones de compra del consumidor global, pero aún está muy lejos de movilizar como lo hace la salud, principal argumento de compra entre los nuevos concumidores. De hecho, lo que nos dicen los expertos en marketing es que el comprador ya exige, de forma automática, que el alimento que está comprando sea sostenible. Eso significa que, o somos sostenibles o estamos fuera del mercado. Así de sencillo. Afortunadamente, estamos ante uno de los sectores de nuestra agroindustria que mejor ha asumido este reto. Somos un ejemplo claro de economía circular, en el que el concepto residuo ha desaparecido, logrando una mayor eficiencia medioambiental y, de paso, económica. Ejemplos de ese compromiso sobran. Somos el primer cultivo leñoso de nuestro país por superficie regada, al mismo tiempo que el más eficiente. Prácticamente la totalidad se riega con sistemas localizados muy modernos, lo que ofrece un uso óptimo de hasta la última gota de agua que se destina al olivar. En este campo tenemos la ventaja de contar con investigadores que están a la vanguardia en la optimización de recursos y procesos tanto en el campo como en la industria. Trabajos que nos están permitiendo estar en la vanguardia y en los que la Interprofesional esta contribuyendo con su impulso y financiación. Ahí podemos citar nuestra contribución a los proyectos LIFE Olivares Vivos y Olivares Vivos +, o a los trabajos premiados en Europa para reducir los efectos de la erosión en los olivares, uno de los grandes problemas del Mediterráneo, o los tendentes a mecanizar el cultivo con equipos de bajo impacto sobre el medio.
En los últimos años ha aumentado el debate sobre la calidad, trazabilidad y autenticidad del aceite de oliva. ¿Qué retos existen todavía en la lucha contra el fraude y la desinformación en el mercado internacional?
Es cierto que ese debate es recurrente. Pero al mismo creo que tenemos que poner las cosas en su sitio. Y no lo digo yo, me remito al Informe Tribunal Cuentas Europeo sobre el Control del Aceite de Oliva en la Unión Europea. Nuestro país sale muy bien parado de ese análisis gracias a los sistemas de control del producto y trazabilidad. No olvidemos que en España estamos aplicando normas que son mucho más estrictas de lo que fija la legislación comunitaria. Y es lógico, porque es mucho lo que nos jugamos, en términos de reputación que puede afectar a nuestras ventas en todo el mundo. Vivimos en un mundo global y todo se transmite a una velocidad de vértigo. Somos los primeros interesados en que la calidad de nuestro producto esta más allá de cualquier duda. Por esa razón estamos impulsado desde la Interprofesional del Aceite de Oliva Español lo que hemos denominado Propuesta de Excelencia para la calidad y transparencia de los Aceites de Oliva. La propuesta se basa en dos pilares: un sistema de autocontrol de la calidad, de carácter voluntario que implique tanto el control de los procesos como del producto y siempre controlado por un organismo independiente; y una optimización del uso de la información declara por las entidades del sector a las Administraciones Públicas. Estamos convencidos que, a partir de esta iniciativa, vamos a acabar con ese debate recurrente, al menos en lo referente a los Aceites de Oliva de España.
¿Qué impacto cree que tendrá la innovación tecnológica —desde la inteligencia artificial hasta la agricultura de precisión— en la producción y comercialización del aceite de oliva?
La cara más visible de la Organización Interprofesional del Aceite de Oliva Español es su labor promocional en todo el mundo. Pero, hay que tener en cuenta también que año a año nos hemos consolidado como un motor de innovación sectorial. De media, estamos destinando el 11% de nuestros presupuestos al impulso y financiación de proyectos de I+D+i en los campos de la agronomía, nutrición y salud y tecnología alimentaria. Y lo hacemos porque somos conscientes de que la innovación y su rápido traslado a nuestros olivares y empresas fue lo que propició la revolución que vivió este sector a finales del siglo pasado. Esa es la explicación de que nos hayamos convertido en el olivar más productivo, eficiente y sostenible del planeta. Es la base de nuestro liderazgo en los mercados de todo el mundo. Partiendo de esa idea, tenemos claro que no podemos detener ese proceso, al contrario, hay que alimentarlo, para mantenernos en la cresta de la ola.
Tras la experiencia de la primera edición, ¿por qué era importante consolidar el Olive Oil World Congress como un gran punto de encuentro internacional para el sector?
El aceite de oliva es un producto global y hemos tenido que adaptarnos a esa realidad. Vendemos nuestro producto en más de 170 países del mundo, que siguen en aumento, y el cliente quiere tener voz sobre la forma en la que se producen y comercializan los alimentos. Al mismo tiempo las relaciones entre los países productores son cada vez más interdependientes. Compartimos problemas similares e incluso colaboramos en investigaciones en temas tan sensibles como la sostenibilidad o el control de enfermedades. Tener un foro de alto nivel como este, en el que confrontar experiencias, nos enriquece como sector. Al fin y al cabo, a todos nos une un interés común.
¿Cuáles serán los grandes temas que marcarán la agenda de esta segunda edición del Olive Oil World Congress y qué papel jugarán la ciencia y la innovación dentro del congreso?
Sin lugar a duda, la innovación. Se van a tocar todos los temas que preocupan al sector, tanto desde el punto de vista de la producción como de la industria para lograr un mejor producto. Será interesante saber qué aplicaciones reales puede tener la inteligencia artificial en nuestros procesos, desde el campo a la comercialización. También creo que la salud va a ser otro de los momentos claves de los debates. No olvidemos que el bienestar es nuestro gran argumento de ventas en todo el mundo.