En su opinión, ¿cuál es el principal valor añadido que aporta el Congreso Mundial del Aceite de Oliva (WOC) al sector del aceite de oliva en la actualidad, en comparación con otros eventos internacionales?
Jaime Lillo: Durante la última reunión del COI, celebrada en noviembre del año pasado, tuvimos la oportunidad de organizar un encuentro de alto nivel en el que representantes de 45 países, 28 de ellos a nivel ministerial, debatieron los principales retos que afronta el sector del aceite de oliva y acordaron prioridades, que posteriormente se formalizaron en la «Declaración de Córdoba». Se hizo hincapié en el carácter estratégico del sector del aceite de oliva: un sector que no solo está profundamente arraigado en la cultura mediterránea, sino que también es cada vez más global y dinámico, comprometido con el gran reto de alimentar a una población mundial creciente de forma sana y sostenible. Se destacaron retos importantes como el cambio climático y la necesidad de normas comunes para facilitar el comercio. Estos y otros temas serán debatidos por la comunidad científica, las empresas y las instituciones nacionales e internacionales en la próxima reunión del COI.
¿Cuáles son las principales amenazas a la credibilidad del aceite de oliva en los mercados internacionales actuales? ¿Es urgente la armonización global de los métodos analíticos y qué medidas específicas promueve el COI al respecto?
El COI utiliza métodos analíticos fisicoquímicos y organolépticos basados en estudios científicos transparentes y objetivos que garantizan la calidad y autenticidad de los aceites de oliva en los mercados internacionales y protegen a los consumidores.
Uno de los principales objetivos del COI es armonizar las normas nacionales e internacionales para los aceites de oliva y las aceitunas de mesa, a fin de facilitar el comercio internacional, de conformidad con el Acuerdo Internacional administrado por la organización. El COI ha colaborado estrechamente con el Codex Alimentarius durante más de 60 años a través de sus diversos comités: CCFO, CCMAS, CAC y CCFFV. La norma del COI para las aceitunas de mesa está totalmente armonizada con el Codex STAN 66-1981, mientras que la norma para los aceites de oliva y los aceites de orujo de oliva está armonizada en gran medida con el Codex STAN 33-1981, con algunas excepciones.
También participamos activamente en los comités del Codex, aportando estudios científicos basados en datos y muestras de países productores miembros y no miembros, cuyas decisiones se toman por consenso de expertos.
Sus métodos analíticos, utilizados gratuitamente por paneles de cata y laboratorios fisicoquímicos en los cinco continentes, se recogen en el documento CXS234. Esta cooperación contribuye a la armonización internacional, facilita el comercio, refuerza la protección del consumidor y ayuda a prevenir el fraude. El COI también colabora con la ISO mediante un acuerdo firmado en 2008 que permite una adopción acelerada, y con la UE y la Organización Mundial de Aduanas en la armonización de normas y métodos analíticos.
La escasez de recursos y el aumento de los costes están ejerciendo presión sobre la rentabilidad: ¿qué soluciones tecnológicas cree que son realmente escalables?
La presión sobre la rentabilidad de los olivares es real y estructural. Los costes de producción han aumentado significativamente en los últimos años (mano de obra, energía, agua e insumos), mientras que la volatilidad climática añade incertidumbre a los rendimientos. En este contexto, la pregunta relevante no es qué tecnología existe, sino cuál puede aplicarse realmente a una escala que mejore la situación económica del olivarero.
En el COI, hemos identificado varios enfoques tecnológicos con un potencial de escalabilidad real, como la mecanización avanzada de la cosecha; la agricultura regenerativa y la salud del suelo; la economía circular y la valorización de subproductos; la mejora de los procesos de extracción; y las herramientas de gestión digital integradas.
La agenda tecnológica del sector del aceite de oliva no puede ser dominio exclusivo de los grandes actores. Para que la revolución tecnológica sea verdaderamente transformadora, sus beneficios deben llegar a todos los eslabones de la cadena de valor: desde los pequeños olivareros mediterráneos hasta las cooperativas medianas, incluidas las almazaras familiares que sustentan una parte significativa de la producción tradicional de alta calidad. La misión del COI es garantizarlo.
El cambio climático es uno de los desafíos más acuciantes. ¿Qué estrategias de adaptación considera más eficaces para los olivares mediterráneos en la actualidad?
El cambio climático representa uno de los mayores desafíos para el sector mundial del aceite de oliva. En el COI, una organización intergubernamental que reúne a los países responsables de más del 95 % de la producción mundial, lo estamos abordando con una estrategia global que combina adaptación, mitigación y cooperación internacional.
El consumo mundial de aceite de oliva está creciendo, aunque de forma desigual. ¿Qué mercados presentan actualmente el mayor potencial?
Aceites y grasas para cocinar
Tras la pandemia de COVID-19, se ha observado una aceleración en el consumo internacional de aceite de oliva, ya que nos hizo reflexionar y tomar conciencia de la importancia de cuidarnos y alimentarnos bien. Este crecimiento ha sido especialmente notable en mercados no tradicionales fuera de la cuenca mediterránea, como Estados Unidos, Brasil, Canadá, Australia y China, entre otros. Estos mercados presentan un mayor potencial de crecimiento. Cada vez más personas desean seguir una dieta sana y sostenible y están descubriendo los aceites de oliva, en especial el aceite de oliva virgen extra.
En su opinión, ¿cuáles serán los temas clave que definirán el futuro del cultivo del olivo en los próximos diez años?
Desde mi punto de vista, el principal reto para el cultivo del olivo es responder al cambio climático, especialmente en la cuenca mediterránea, que actualmente concentra la mayor parte de la producción. Facilitar la adaptación del cultivo a un clima cambiante, combatir enfermedades como la Xylella fastidiosa, diversificar las regiones de producción y los sistemas de cultivo, y contribuir a la solución del cambio climático mediante la cuantificación, la mejora y la comunicación del balance de carbono de los olivares son los aspectos que definen el cultivo del olivo.
Naturalmente, la modernización y la innovación tecnológica que hemos presenciado acelerarse en los últimos años seguirán siendo un factor importante.
En el COI, promovemos el diálogo y la cooperación científica y fomentamos el consenso sobre el trabajo de los expertos para establecer normas comunes que faciliten el comercio y protejan los derechos de los consumidores en un mercado cada vez más complejo y globalizado. También trabajamos en las áreas de sostenibilidad y adaptación al cambio climático, movilizando la red de recursos genéticos del olivo reconocida por el COI y reuniendo a expertos líderes para facilitar la adaptación de los cultivos y mejorar su sostenibilidad y resiliencia. Por ejemplo, este año presentaremos los resultados del Proyecto de Balance de Carbono del Olivo, una ambiciosa iniciativa internacional de colaboración público-privada destinada a proporcionar a los productores de olivo una herramienta digital para calcular su balance de carbono.
Este es un paso importante para cuantificar, mejorar y comunicar la contribución de los olivares, e incluso podría representar una nueva fuente de ingresos para los productores de aceitunas.
Por último, ¿cuál es el mensaje principal que le gustaría transmitir a los productores y operadores que participarán en OOWC 2026?
El mensaje es claro y sencillo: el OOWC reunirá a los principales actores del sector mundial del aceite de oliva: la comunidad científica, expertos destacados, empresas, instituciones y administraciones públicas de los principales países productores y consumidores. Será una oportunidad única para fomentar el diálogo y avanzar en los temas más acuciantes que afectan al sector del aceite de oliva.